Un cinta cuyo trailer promete estar basada en una de las mejores novelas de habla inglesa suena pretenciosa, y muy difícil de creer. A pesar de la pretensión, es buenos saber que el terecr filme de Mark Romanek(famoso director de videoclips) logra cumplir sin esfuerzos una expectativa tan grande. Un profundo y dramático ensayo de inocencia, amor y muerte en un mundo diatópico donde los logros de la ciencia han llegado a un limite insospechado pero – al igual que la obra de Kasuo Ishiguro - la ciencia ficción no es otro personaje, sino el telón de fondo pues lo relevante es lo pequeño, lo interno, lo que sienten y piensan sus personajes. Las actuaciones de Mulligan(An education), Knightley(Piratas del caribe) y Garfield(el próximo Spiderman) se pueden considerar perfectas, pues interpretan fielmente a estos personajes que conviven desde la infancia en una escuela para niños “especiales” y que, en medio de un triangulo amoroso, se esconde un secreto que ni ellos conocen. Y el tema de la adaptación no podía ser mejor partiendo de su fuente original: el guión es fiel al libro y supera con creces el reto de trasladar un drama personal a la pantalla grande. La música de score es cautivante, la dirección artística muy bien cuidada, la fotografía sobresaliente. Es importante estimado lector que tenga en cuanta que no es un filme sencillo de digerir, es muy fuerte, pero una vez inmersos en este universo no podrá olvidar la extraña y profunda enseñanza que deja atrás.
Nunca me abandones (2010) Never Let Me Go (original title) 103 min - Drama | Romance Dir. Mark Romanek Cast: Keira Knightley, Carey Mulligan and Andrew Garfield
Machete me ha enviado un mensaje: “Acabas de joder al mexicano equivocado”.
(Michael Booth)
Machete era el protagonista de un divertido tráiler falso (de un film inexistente) que se incluyó en ‘Grindhouse’, el peculiar programa doble (formado por ‘Planet Terror’ y ‘Death Proof’) que Quentin Tarantino y Robert Rodriguez estrenaron en 2007; el avance gustó tanto que Rodriguez, orgulloso de su creación (y amante del cine rápido y barato), decidió hacer la película. Al borde de estrenarse, codirigida junto al hasta ahora montador Ethan Maniquis. Se continúa el juego, las escenas que aparecían en el tráiler (como el protagonista volando con su moto tras una explosión, o el cura disparando a quemarropa a un matón) se mantienen en la película, como si aquél fuera de verdad el avance de lo que nos acaba de llegar. Brutal, sangrienta, paródica, de mal gusto, tiene todos los ingredientes que uno podía esperar.
Desafortunadamente, lo que funcionaba en el tráiler no funciona tanto en el film, porque éste dura cien minutos más. El guión, escrito por Rodriguez y su primo Álvaro, no aguanta todo ese tiempo, la formula se agota con tantos minutos, y lo que se hace es rellenar con situaciones repetitivas que llegan a resultar muy aburridas. Rodriguez inventó un personaje y lo situó en varias escenas divertidas, y así tenía gracia, pero al trasladarlo a una película se queda sin ideas, y lo que nos ofrece parece otra entrega de ‘El mariachi’ (1992). Sus dos colaboradores citados no le ayudan demasiado, pero le salvan los actores, y es que el realizador nacido en San Antonio (Texas) ha reunido un elenco irresistible, inmerecido para un producto de estas características.
Danny Trejo es Machete, un honrado agente federal mexicano que cae en desgracia cuando intenta acabar con el imperio de la droga del malvado Torrez (Steven Seagal). Tres años más tarde, Machete pasa desapercibido como un inmigrante más en Texas, pero alguien lo contrata, sin saber quién es, para realizar un trabajo “fácil” y muy bien remunerado: asesinar a un peligroso senador durante su próximo discurso. Machete acepta, pero descubre demasiado tarde que se trataba de una trampa, un montaje para que los medios de comunicación vean que él, un inmigrante mexicano, ha intentado liquidar a un candidato al senado, John McLaughlin (Robert de Niro), cuya campaña gira en torno a la construcción de un gran muro electrificado que impida la entrada de los ilegales a Estados Unidos. Herido y perseguido, Machete necesitará ayuda para limpiar su nombre y descubrir quién le ha tendido la trampa.
La trama es muy simplona y llega a límites de lo más absurdos, es decir, se ajusta perfectamente al tipo de producto que Rodriguez ha intentado realizar, una “serie B” gozosa y macarra. Tenemos al trágico y encantador protagonista, poco menos que un superhéroe (con la resistencia de Terminator, la destreza asesina de John Matrix y el atractivo romántico de James Bond), cuya implacable lucha le ha llevado a vivir al margen de la ley, y que se verá obligado a emprender una auténtica matanza para acabar de una vez por todas con el mayor enemigo al que se ha enfrentado, un despiadado (y delirante) narcotraficante de expresión imperturbable, que chapurrea español y le gusta luchar con dos katanas. Torrez es la cima de un organización que también incluye a otros importantes villanos, como Von Jackson (Don Johnson), líder de un grupo de “vigilantes” de la frontera, y Michael Booth (Jeff Fahey), el hombre de confianza de McLaughlin.
Para derrotarlos a todos, Machete no sólo cuenta con sus extraordinarias (es capaz de usar el cuerpo de sus enemigos para cosas que el resto de mortales jamás imaginaríamos) y brutales habilidades (puede cortar cuatro cabezas con un solo y rápido movimiento), también puede contar con fieles aliados; tiene a su hermano, un párroco de una pequeña iglesia (Cheech Marin) igualmente muy diestro con las armas, y sobre todo, a sus chicas, guerreras y muy sexys. Entre éstas, cabe destacar a Luz (Michelle Rodriguez, que reconoce que lo más le atrajo del papel es que podía lucir su atractivo físico), la agente Sartana (Jessica Alba, dando vida a una policía que se entrena jugando con la Wii) y April, una chica adicta al sexo y las drogas (Lindsay Lohan, ¿haciendo de sí misma?). Ninguna se resiste al seductor Machete, que llegado el momento se convierte en el símbolo de la lucha para los ilegales mexicanos en suelo estadounidense. Tomarse en serio este panfleto es tan inteligente como pensar que estamos ante un film de brillante factura.
El acierto de los actores (también hay sitio para Tom Savini, en la piel de un asesino llamado Osiris Amanpour), que se toman con mucho humor y profesionalidad sus respectivos papeles (ojo a De Niro cambiándose de chaqueta, como si fuera el mismo actor vendiéndose al que le venga con la mejor oferta), y los chispazos del guión, que la verdad es que incluye algunos momentos memorables, casi salvan una película escasa de ingenio a la que le sobran muchos minutos, siendo realmente difícil soportar secuencias de acción tan mal planificadas y montadas, sobre todo la del clímax final, en la que no se ve nada, sólo gente disparando a todas partes. Resulta ya demasiado sospechoso que Rodriguez siga empeñado en hacer este “cine malo”, sin otras pretensiones que las de hacer reír y pasar el rato viendo sangre, tiros y tetas, cuando no le da por sacar otra entrega de ‘Spy Kids’. Ya lo hemos visto, y tuvo gracia, ¿para cuándo algo bien filmado?
Si Elena Garro habló de los recuerdos del porvenir como el sueño de una noche revolucionaria de verano, Robert Zemeckis instituyó el regreso al futuro como una legítima aspiración turístico-didáctica-emocional. La posteridad es un estado de ánimo y al mismo tiempo una catarsis, una geografía idílica pero al mismo tiempo tan maleable y dúctil como el pretérito que tiene la facultad de reinventarse cada día, sólo para contradecir al músico profeta José José quien ha insistido con valor y verdad que lo que ya fue... no será, que lo pasado, pasado.
Back to the Future, Volver al futuro, cumple 25 años de haberse convertido en referente cinematográfico ochentero, fuente inagotable de símbolos de la cultura popular, y demás invenciones desmecatadas de la mitología fílmica alrededor de la factoría Spielberg-Lucas que han permeado la vida de no pocas generaciones que no pueden evitar ver a Michael J. Fox, eterno adolescente de mil batallas hormonales, como un icono de las transportaciones espacio-tiempo en sustitución de los viejos maestros del túnel del tiempo, Tony Newman y Douglas Philips, cuyo mejor momento televisivo fue cuando conocen a Maquiavelo como representación del mal.
Zemeckis, encargado de dirigir tamaña saga, hizo de su personaje, Marty McFly, el Luke Skywalker del suburbio con poco pasado, nulo presente y aburrido futuro, una auténtica representación del héroe involuntario e inesperado, cuyas vocaciones son descubiertas al pie del abismo, donde se renuncia a los vértigos o se derrapa en ellos.
Así, Marty McFly se transporta en patineta para ir a la escuela, y para viajar en el tiempo lo hace en un glamoroso De Lorean tuneado por una especie de Einstein de provincias que quiso que su invento tuviera algo de estilo. Marty McFly es un clasemediero promedio, condenado a una vida sin éxitos ni glorias, provisto de pasiones rockanroleras y entusiasmos naturales de su edad, rumiando su inexistente contento por la mediocridad de su familia y el dudoso porvenir que les aguarda como miembros de una clase trabajadora adormecida y vacunada contra cualquier tentación revolucionaria.
Frente a eso, Marty McFly sólo tiene dos manifestaciones de rebeldía: siendo el pequeño Igor de un científico desmelenado y extraviado en un soleado suburbio californiano, Hill Valley, California, que responde al apelativo de Doc; y comportándose cual chivo en cristalería si alguien le dice que es gallina, en una suerte de homenaje por James Dean que, a la menor provocación, era capaz de cualquier cosa si se le retaba de manera ofensiva en sus películas. McFly no es un rebelde con causa; en todo caso, va encontrando causas que le documentan sus rebeldías.
Volver al futuro cumple 25 años y aún escruto las certezas que me dejó en sus tres partes: que el pasado es más incierto que el futuro; que el futuro existe como provocación y que el presente es producto de la neurosis de lo que lo antecede y lo precede. El pasado y el futuro se pueden reescribir, reinventar, reconstruir; son destinos de la historia que pueden ser pervertidos, diría el maese García Ponce, para que al final sean capaces de recuperar la inocencia perdida.
Mi momento favorito: cuando en la pequeña plaza de Hill Valley, antes de que Marty sea perseguido por un montón de gandallas que quieren aplicarle el bullying a conciencia, trepado en una patineta voladora, se ve cómo en el cine exhiben Jaws XXVI, con un tiburón hambriento en tercera dimensión dando mandibulazos.
Fue hace ya algún tiempo cuando la empresa Pixar, afiliada a Disney se había arriesgado al constituir toda una película en animación por computadora. Hasta entonces nadie se había aventado a hacer algo tan arriesgado, y había quienes decían que la animación era grotesca y que la gente iba a preferir l animación tradicional. Hoy en día la cantidad de películas que se hacen con técnicas similares es muy pareja, peor hay que agradecerle a Woody y a sus amigos el gran aporte técnico que hizo al cine. Pero veamos ¿será sólo por eso que Toy Story fue tan exitosa? Lo que las películas de Pixar tienen o mas bien encontraron fue lo que a Disney se le había perdido hace mucho tiempo: Humanismo.
Pixar es Dios, o tal vez Dios sea Pixar, nunca se sabe. Desde aquel lejano 1995, cuando se estrenó aquella obra maestra titulada ‘Toy Story’, donde tocaban sentimientos bien justificados que todos hemos sentido; celos, coraje, impotencia, decepción. Y siguió explotando formulas que dieron mucho éxito al contar historias originales, con un carisma peculiar, al grado que pede decirse que no hay película de Pixar que nos e aun éxito. La empresa que ahora es dueña de Disney nos ha ido regalando joyas de animación dando siempre un paso más en cada nuevo largometraje, entiéndase la mas reciente UP, la alucinante Finding Nemo, la extraña Cars, la conmovedora Monsters Inc., la espectacular The Incredibles, y hasta la mediana Bugs, todas han sido exitosas y han tendido una enorme recepción en el publico, que no sólo es infantil. Una evolución como cineastas que sólo los más grandes, y a veces ni esos, han sido capaces de demostrar a lo largo y ancho de toda la historia del cine. ¿Exagerado? Absolutamente no. La recepción crítica de ‘Toy Story 3’ ha sido espectacular y el público votante en la IMDb la coloca como una de las 250 mejores películas de todos los tiempos, concretamente en el puesto 34. ¿Exagerado? Me apuesto algo a que sube puestos.
Toy Story 3 es sin duda la más esperada de todas las secuelas de Disney, e incluso de Pixar, y la verdad se queda corto. No les arruinaré la historia con una reseña, o con una sinopsis porque quizás ya la sabes, Andy ha crecido y tiene que ir a la universidad, no sabe si guardar a sus juguetes en el ático o donarlos, peor por un error, son llevados a una guardería, donde comienza una odisea estrepitosa para lograr sobrevivir, y sí, de verdad que pocas veces puedo decir que una película lo tiene todo y éste en definitiva lo tiene. Cuando entres al cine, vas a reírte, a emocionarte, a llorar (¿por qué no?) y a conmoverte con la historia de éstos juguetes que viven un conflicto muy humano, a veces no sabremos si lo que vemos es verdad o no lo es. Es simplemente perfecta, un gran final para los personajes con los que hemos crecido, tal y como Andy.